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  • ¿La obesidad hace infeliz a mi hijo?

¿La obesidad hace infeliz a mi hijo?

Por allá de marzo del presente año, salió en varios sitios de Internet, la noticia de que El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF (pos sus siglas en ingles), había advertido al Gobierno de México sobre la obesidad que tenían y, seguramente aún tienen, un gran número de niños en nuestro país.

Según el UNICEF, la obesidad infantil en México es una emergencia de salud pública, ya que, al parecer, un tercio de los niños y adolescentes mexicanos viven con sobrepeso u obesidad, siendo una de las principales causas, el consumo de productos ultra procesados. De estos, se destacan las bebidas azucaradas; de las cuales, el fondo reporta que los niños en edad de preescolar obtienen cerca del 40% del contenido calórico diario recomendado, ubicando a nuestro país como el principal consumidor en América Latina.  

El sobrepeso y la obesidad son definidos por la OMS (2020) como una acumulación excesiva o anormal de grasa que puede ser perjudicial para la salud y, desde hace algún tiempo, por su prevalencia a nivel internacional, fue declarada por la misma OMS, como una pandemia no infecciosa; ubicando a México en los primeros lugares, tanto en población adulta, como en niños y adolescentes.  

Es importante saber que, las causas que originan el sobrepeso y la obesidad son variadas y de diferente índole, influyendo factores genéticos, biológicos y ambientales. Es decir, no siempre es porque las personas no quieran cuidarse; aunque, también existen casos, en que la principal razón se relaciona con la motivación al cambio y las inadecuadas o inefectivas competencias para el cuidado de la salud personal.

En el caso de los niños, la situación se vuelve un poco más compleja, esto debido a que, muchos de ellos, aún no son capaces de tomar decisiones autónomas sobre su estilo de vida y conductas saludables, como alimentación y actividad física, cayendo esta responsabilidad en sus padres o cuidadores primarios; quienes, posiblemente, no consideran a la situación como algo preocupante y, por ende, no realizan acciones para disminuirla.  

Al leer esto, los padres se podrán preguntar, ¿es tan malo que mi hijo tenga unos kilos de más? Si esos kilos de más llegan a convertirse en sobrepeso y obesidad, posiblemente sea algo de que ocuparse; ya que, la obesidad infantil está asociada a una amplia gama de complicaciones de salud graves y a un creciente riesgo de contraer enfermedades prematuramente, entre ellas, cardiopatías, resistencia a la insulina (asociado a diabetes), trastornos osteomusculares, cáncer o discapacidad (OMS, 2020).

Por otra parte, la misma OMS (2020) pronostica que, sin una intervención adecuada, los lactantes y los niños pequeños obesos se mantendrán obesos durante la infancia, la adolescencia y la edad adulta. Esto quiere decir que, si un niño tiene obesidad, la posibilidad de que se convierta en un adulto con obesidad, es alta, generando que la situación se mantenga y posiblemente se agrave, algo que es sumamente delicado para la salud pública de un país como México.

Debido a este panorama, Delgado, Caamaño-Navarrete, Martínez-Salazar, Jerez-Mayorga, Carter-Thuiller, García-Pinillos y Latorre-Román (2018) realizaron una investigación que tenía como objetivo, identificar si los niños con exceso de peso u obesidad tenían mayor riesgo de sufrir alteraciones psicosociales, específicamente se preguntaron si su autoestima y su felicidad percibida se veían afectadas negativamente. Por lo anterior, los investigadores relacionaron la condición de sobrepeso y obesidad con los niveles de autoestima y felicidad en alumnos de escuelas públicas mixtas de chile.

                Para lograrlo, seleccionaron a 364 alumnos, 180 niños y 184 niñas, de entre 11 y 13 años de edad. Se identificaron datos sociodemográficos como edad, sexo y curso de estudio. Además, se obtuvieron medidas antropométricas, como altura, peso, perímetro de cadera y la circunferencia de cintura. Esto con el objetivo de identificar su índice de masa corporal (IMC), la razón cintura-estatura (RCE) y el índice cintura-cadera (ICC), todos estos datos permiten obtener el sobrepeso y la obesidad. Para evaluar la autoestima, utilizaron el test TAE-Alumno, una prueba estandarizada de autorreporte para escolares de primaria alta y secundaria. Por último, para identificar la felicidad, emplearon la pregunta “¿soy una persona feliz?”, del cuestionario previamente mencionado, registrando la respuesta positiva o negativa de cada participante.

Los investigadores encontraron que, el 55% de la muestra, unos 204 estudiantes, tenían exceso de peso (sobrepeso u obesidad). Una vez con este dato, compararon al grupo de alumnos con sobrepeso u obesidad, con aquellos que no tenían esta condición. En lo que respecta a la autoestima, los participantes con exceso de peso reportaron niveles significativamente menores, sin diferencias entre ellos. Es decir, sin importar si tenían sobrepeso u obesidad, ambos grupos, reflejaron menos autoestima que los alumnos con un peso saludable, destacando que 43 escolares presentaron muy baja autoestima. En relación a la pregunta “¿soy una persona feliz?”, el 81% de los evaluados respondió positivamente. Sin embargo, los que respondieron negativamente, la mayoría tenía sobrepeso u obesidad.

                De estos resultados podríamos pensar que, una alta proporción de niños con sobrepeso y obesidad tienen una autoestima negativa, es decir, la valoración de sus características como persona tiene una tendencia poco favorable. Además de esto, una pequeña proporción no son felices. Lamentablemente, al ser un estudio correlacional no podemos saber qué fue primero, si la autoestima negativa y la infelicidad o el sobrepeso y la obesidad. Es posible que los aspectos negativos de la autoestima y la felicidad llevaran a los niños a comer de más y subir de peso, o que, un peso elevado genera afectaciones en su felicidad y su autoestima. Incluso es posible que, esta situación, sea generada por otro factor que los investigadores no identificaron, ni midieron, por ejemplo, el estrés.

                Por lo anterior, sería importante seguir investigando sobre el tema, tanto a nivel internacional como en México. También sería importante hacer intervenciones que cambiaran la situación. Estas acciones podrían ser en las escuelas, pero sería mucho más relevante que fueran desde el hogar, motivadas, impulsadas y guiadas por las familias de nuestros niños y adolescentes. Un buen punto de partida sería reflexionar sobre las siguientes preguntas: ¿Mi hijo o algún menor cercano del que soy responsable tiene sobrepeso u obesidad?, ¿considero que esto no es adecuado?, ¿soy responsable de esta situación? y, ¿puedo ayudar a que mejore su salud?

Si sus respuestas fueron afirmativas es momento de buscar ayuda, podría empezar con ir al médico y al nutriólogo, sin descartar la ida al psicólogo. Si sus respuestas fueron negativas y usted tiene un hijo menor de 10 años, con sobrepeso u obesidad, creo que también sería bueno buscar ayuda, solo que, en este caso, le recomiendo, prioritariamente, ir al psicólogo; ya que, posiblemente, esté negando o evitando afrontar una situación que puede ser poco saludable, y de la cual usted es responsable. Cabe destacar que, esto también aplica si usted es el que tiene sobrepeso u obesidad.

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Referencia

Delgado, P., Caamaño-Navarrete, F., Martínez-Salazar, C., Jerez-Mayorga, D., Carter-Thuiller, B., García-Pinillos, F., y Latorre-Román, P. (2018). La obesidad infantil y su asociación con el sentimiento de infelicidad y bajos niveles de autoestima en niños de centros educativos públicos. Aran, 35(3), 533-537. doi: http://dx.doi.org/10.20960/nh.1424

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