En el año 2018 Vargas-de la Cruz, Martínez y Froján-Parga, publicaron en la revista de Clínica y Salud, del colegio oficial de psicólogos de Madrid, un artículo denominado Una Extensión del Concepto de Regla y su Aplicación a la Terapia Psicológica. Uno de los objetivos de este documento era enfatizar la relevancia que tenían para los pacientes, las reglas emitidas oralmente por sus psicólogos durante una sesión de terapia y, exponer como éstas servían para la mejora de las conductas a tratar.
La lectura me hizo pensar en la relevancia que tiene para la vida cotidiana, el establecimiento de reglas, tanto para niños como para adultos, una condición que, además, es necesaria para nuestra vida en sociedad.
Vargas-de la Cruz, Martínez y Froján-Parga (2018) retoman el concepto de regla propuesto por Skinner, quien precisó que, una regla es un estímulo oral que genera o tiene el potencial de generar una conducta determinada. El cambio en la conducta se da a partir de la descripción de la situación y las posibles consecuencias de la misma, ya sean vividas o escuchadas. Por lo que, las reglas permiten discriminar qué conductas se deben emplear en determinadas situaciones, lo que contribuye a nuestra comprensión del mundo y a la mejora de las habilidades para adaptarnos a éste.
En congruencia con la definición anterior, los autores describen algunos puntos que una verbalización debería de tener, para ser considera como una regla. En estos destaca la idea de que la expresión debe de contener una situación, una conducta y una consecuencia, por ejemplo: “mientras estés en algún lugar público (situación), evita hablar con personas que no conozcas (conducta) y por ningún motivo te vayas a otro lugar con ellos (conducta), ya que te pueden secuestrar o hacer daño (consecuencia).
Por otra parte, algunos de estos elementos pueden estar implícitos en la verbalización, como al decir, “no debes de brincar en las camas (conducta), porque puedes romper el colchón, caerte y lastimarte (consecuencia). En esta última no se definió el contexto. Cabe destacar que una regla, busca ser de utilidad para aplicarse en una variedad de circunstancia, es decir, ya sea que la cama este en la casa del niño o del vecino, no se debe de brincar en ésta.
Esta premisa básica para la formulación de una regla, en muchas ocasiones, no se considera, dejando de lado, comúnmente, la explicación de las consecuencias. Repleto está el discurso de algunos padres y madres de familia, de negativas para las conductas de sus hijos, en muchas ocasiones, carentes de argumentos lógicos para fundamentar sus reglas. Lo que suele generar incomprensión por parte de los menores, y sentimientos de disgusto, reproche y coraje, así como mayores probabilidades de que no se cumpla o se deje de cumplir cuando no existe una supervisión cercana. Cabe destacar que, la situación se agrava cuando la edad y las habilidades intelectuales aumentan. Para los adolescentes, una disciplina que integra reglas impuestas, carentes de sentido, se vuelve insostenible y muy problemática.
Lo relevante del tema de las reglas para los menores, suele ser su cumplimiento e interiorización, y en menor medida, el establecimiento de éstas en colaboración con los adultos. Sin embargo, con el desarrollo cronológico y físico, el tema de definir las reglas, al menos en el contexto personal, se vuelve prioridad, a la par de su seguimiento. Esta nueva capacidad si se ejerce de forma disfuncional puede generar problemas.
En este sentido, Vargas-de la Cruz, Martínez y Froján-Parga exponen que existen estudios que dan cuenta de problemas psicológicos en función de un excesivo seguimiento o elaboración de reglas o, por el contrario, cuando existe una falta de creación o cumplimiento de éstas. En el primer caso, la conducta puede ser descrita como inflexible, ansiosa, rígida o desadaptativa. En el segundo, la falta de reglas y/o su seguimiento, genera problemas con el autocontrol y el logro de objetivos a largo plazo, ya que se suele responder prioritariamente a las recompensas inmediatas.
Por otra parte, los autores citan a Plaud y Plaud, quienes argumentan que el problema no se encuentra en la existencia o ausencia de reglas, sino en la elaboración de reglas inexactas, confusas, disfuncionales o alejadas de la realidad, lo que, desde la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC), se podría denominar como Creencias Irracionales. Un ejemplo podría ser, “debo de permanecer casado(a), de lo contrario, defraudaré a mis padres y a mis hijos(as)”. En este ejemplo, la conducta de permanecer se da sobre la base de una inferencia que se asume como verdad, pero puede o no serlo, si este es el único argumento que sostiene la regla, se debería de cambiar para hacerla más precisa y acorde a la realidad, dejando margen para todos los posibles resultados.
A partir de lo expuesto, se enfatiza la importancia de la elaboración, implementación, seguimiento y reflexión de las reglas que influyen en la conducta de todos los humanos. En nuestros niños, su instrucción sobre la base de una disciplina argumentada, basada en valores y consecuencias lógicas. En los adultos, a la par de lo anterior, la reflexión de lo que interiorizamos, su análisis, modificación, flexibilización o seguimiento, con el objetivo de generar personas que sean capaces de adaptarse a los cambios en que la vida los posiciona, generando sensaciones de satisfacción y felicidad, en lugar de ansiedad y descontrol.

Referencia
Vargas-de la Cruz, I., Martínez, H. y Froján-Parga, M. X. (2018). Una extensión del concepto de regla y su aplicación a la terapia psicológica. Clínica y Salud
29, 63-70. https://doi.org/10.5093/clysa2018a10
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