¿Alguna vez ha reflexionado sobre lo que se dice a usted mismo ante las diversas situaciones de su vida?, ¿qué se dice cuando tiene una adversidad o ante un logro? Usualmente, así como empleamos el lenguaje para comunicarnos con otras personas, lo usamos para dialogar con nosotros mismo. A esto se le denomina automanifestaciones, autoafirmaciones, diálogo interno, habla interiorizada, pensamientos automáticos, entre otras.
La conducta de hablarnos a nosotros mismos tiene muchas funciones para la vida cotidiana, puede ayudarnos en la regulación emocional, en los procesos reflexivos y la toma de decisiones, en la mejora de las conductas socioadaptativas, en el aprendizaje autorregulado, entre muchos otros usos potenciales. Posiblemente, es una estrategia que puede ayudarnos en casi todos los procesos cognitivos complejos.
La importancia de esta conducta para la psicología y más específicamente para la psicología clínica o la terapia psicológica, se dio a partir de la creación de las corrientes cognitivas. Un conjunto de teorías que, para explicar el comportamiento humano y las perturbaciones emocionales, ponen en el centro de la atención, las creencias de las personas.
Las creencias o sistemas de creencias, son el conjunto de ideas que tenemos sobre la vida, la realidad, y cualquier situación, cosa o persona. Éstas, como lo dije en el artículo de la semana pasada (¿Puede evitar amargarse la vida con cualquier cosa?), influyen en los sentimientos, emociones, pensamientos y conductas que se generan respecto a las diferentes situaciones que vivimos, por lo que, intervienen en nuestro diálogo interno. Dicho de otra forma, generalmente, cuando hablamos con nosotros mismos, lo que nos decimos refleja lo que creemos. En ocasiones, incluso, puede reflejar formas de pensar que no tenemos claras o del todo conscientes, como el machismo, la intolerancia, el racismo, entre otras.
En virtud de la importancia de nuestras creencias, cabe la pregunta ¿de dónde viene lo que creemos? Es un tema que puede ser polémico, sin embargo, al menos en gran parte, nuestras creencias se forman a partir de las experiencias de vida que tenemos, de nuestros logros y derrotas, de las palabras que escuchamos de nuestros padres, familiares, amigos, maestros. Todo esto va formando las ideas con las que afrontamos el mundo y que se reflejan en nuestro discurso y nuestras acciones. Cabe destacar que, estas ideas no siempre son positivas, flexibles, adaptativas, funcionales o racionales; en muchas ocasiones, tenemos creencias que nos limitan o nos enferman.
Para Albert Ellis y su Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC), existen tres creencias que son potencialmente perjudiciales para nuestra vida.
Estas creencias son irracionales debido a que no se ajustan adecuadamente a la realidad. Por ejemplo, usted puede hacer las cosas bien buscando ganarse la aprobación (cariño, amor, afecto) de su jefe(a), familia o pareja; sin embargo, esto no asegura que la gané, ni tampoco implica que, si no lo hace, usted carezca de valor como empleado, persona o pareja. Sin embargo, podemos caer en la trampa de creerlo y decirnos cosas como, “no valgo/sirvo como pareja o empleado”, “seguro no merezco su amor, por ser tan insignificante”, “si ella no me quiere mi vida no tiene sentido”.
Una vez que sabe esto, sería bueno que pusiera más atención en lo que se dice a usted mismo, ya que en el fondo esto puede denotar un conjunto de creencias desvalorizantes que, como mínimo, pueden estar evitando el logro de sus objetivos de vida. Es relevante que, si su discurso es derrotista y no sabe cómo modificarlo, acuda con un profesional que lo ayude, existen técnicas tanto cognitivas como conductuales que pueden facilitar un cambio en sus ideas y, por ende, en sus acciones, sus autoafirmaciones y su vida.

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